Brainstorming

¿Qué es el brainstorming?

Seguramente todos han oído alguna vez hablar de «brainstorming» o «lluvia de ideas», pero, ¿qué es el brainstorming?

¡Vamos a pasear sin paraguas para empaparnos de nuevas ideas con esta técnica de estimulación de la creatividad!

El «brainstorming» es un método práctico y eficaz para abrir la mente y liberar el potencial creativo de cada persona. Es una técnica para generar ideas en forma grupal con la animación de un moderador o facilitador —aunque también se puede aplicar de manera individual, ¡pruébala!—. El «brainstorming» —lluvia de ideas, torbellino de ideas, tormenta cerebral, según la traducción al español—, fue creado por el publicista estadounidense Alex Osborn en 1938 para hacer más efectivas y creativas las reuniones de trabajo. Él se dio cuenta que se producían mejores ideas por medio del trabajo grupal no estructurado, donde todos podían hacer sugerencias en cualquier momento, que con el trabajo individual. La técnica se basa en la aplicación de ciertos principios que, en 1953, expuso en su libro «Imaginación Aplicada. Principios y procedimientos para pensar creando».

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Mediante la aplicación del «brainstorming», el problema se puede atacar desde diferentes ángulos a la vez, bombardeándolo con preguntas rápidas para encontrar soluciones viables. Es una excelente ocasión para compartir la experiencia de la creación y «pedir aventón», es decir, sumarse a las ideas de otro para perfeccionarlas y llevarlas a otro nivel.

¿Cuál es la meta de la tormenta de ideas?

Generar muchas ideas. Muchísimas. Dar lugar a la divergencia de ideas. Para cumplir con la meta, debemos vencer la inhibición natural que tenemos para expresar nuestros puntos de vista y también debemos aplazar nuestro juicio hacia terceros. No está permitido criticar a los demás ni a nuestras propias ideas. En este punto, se alienta la libertad de las expresiones y de las ideas incluso de las más extravagantes.

El ambiente para llevar a cabo la lluvia de ideas debe ser relajado para que todos los participantes estén a la misma altura. Relajados y valorados por sus pares. Todas las ideas son valiosas sin importar quien las dice.

Esta es la receta para llevar a cabo la técnica, toma nota.

– Elige un moderador o facilitador. Es quien explica las reglas y observa su cumplimiento. El encargado de mantener el ritmo y de estar atento a dinamizar el proceso creativo con la aplicación de diferentes subrutinas, sea para incrementar la fluidez de ideas o para levantar el interés del grupo.

Detecta y redacta el objetivo creativo. Antes de empezar debemos saber cuál es el propósito de la lluvia de ideas. Concretar el tema es útil para estimular la divergencia. Un buen comienzo sería formular el objetivo creativo a partir de preguntas. Por ejemplo, ¿cómo podremos resolver…?, ¿cómo sería…?, ¿cómo lograríamos…?

– Genera ideas. Este es el momento de formular la mayor cantidad de ideas posibles. Fomentando la combinación y producción de más ideas a partir de las que aportan los miembros del grupo.

– Documenta todo con claridad. Es beneficioso para el ejercicio, designar a un miembro del grupo –con buena letra– para que tome nota de todas las ideas.

– Mantente enfocado. Conversar en casa ocasión. Porque todas las ideas son importantes hay que escucharlas.

– Fija un límite de tiempo. No hay que olvidar que generar ideas cansa.

– Dale seguimiento. Aplicación de la lista control: serie de preguntas que se le formulan a las ideas con el objetivo de detallarlas, precisarlas y, además, para provocar el surgimiento de nuevas ideas.

– Clasifica y evalúa las ideas.

– Bonus track. Disfruta la experiencia

Me retiro hasta el próximo número con una cita del propio Alex Osborn, «es más fácil bajar el tono de una idea loca que inventar una nueva».

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