¿Quién dijo que fuera fácil?

¿Quién dijo que fuera fácil?

Si bien las ideas pueden aparecer en cualquier momento, más y mejores resultados se manifestarán cuando más relajados estemos y más propicio sea el escenario. Los resultados son por demás estimulantes pero, ¿quién dijo que fuera fácil?

Las ideas están en el corazón de todo proceso creativo, sin embargo, pocas tienen su origen en un momento de inspiración. Probablemente el germen de una idea se geste durante una experiencia ¡AJA! o momento Eureka –prometo hablar de las 3B de la creatividad en otro artículo–, pero, para que una idea cobre vida tiene que reposar, madurar. Como si fuera un buen vino.

Linda Naiman, fundadora de «Creativity at Work», afirma que «la creatividad es el acto de convertir las ideas nuevas e imaginativas en realidad. La creatividad implica dos procesos; pensar después producir. La innovación es la producción o puesta en práctica de una idea. Si un individuo tiene ideas pero no actúa sobre ellas, esa persona es imaginativa pero no creativa». En otras palabras, no podemos confiar solamente en nuestros momentos de inspiración para conseguir ideas porque podemos frustrarnos rápidamente o decidir procrastinar. El momento del «creador» frente al lienzo en blanco es un reto a superar. No es recomendable que juguemos todas nuestras fichas a las musas, a la inspiración divina por el solo hecho de estar frente a la hoja o lienzo en blanco. Si no hay fluidez de ideas o «alquimia», el desengaño golpeará nuestra puerta y nos mostrará el camino del desencanto. Dicen que Pablo Picasso dijo «la inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando». El aura mágica de la creación es cosa del pasado, hoy se sabe que la creatividad puede estimularse y (re)activarse con trabajo, tiempo y dedicación. La creatividad es una actitud, una forma distinta de pararse en la vida. Y lo mejor, la buena noticia es que las herramientas para potenciarla están al alcance de todos.

La creatividad sale a flote mientras desarrollamos una actividad que nos permite entrar en un estado de flujo donde se realizan conexiones entre neuronas de nuestro cerebro que antes no estaban conectadas. Estas nuevas conexiones incuban nuevas ideas, nuevos sentidos, nuevas formas de entender las cosas.

Idea y entorno aparecen en escena como actores protagonistas del proceso creativo. Veamos un poco más de cada uno de estos factores.

Imaginemos a la actividad neuronal en nuestro cerebro como si fueran conversaciones entre diferentes individuos. Si el diálogo es habitual, la idea será poco interesante, corriente y con síntomas de pensamiento reproductivo. En cambio, si alguna de estas múltiples conversaciones genera un punto de vista diferente, un nuevo enfoque sobre un tema, podemos decir que estamos en presencia de una idea. Mas o menos innovadora, pero una idea al fin. Este sencilla representación puede ser aplicable al comportamiento de un equipo de trabajo en entorno laboral. Solo reemplacemos «neuronas» por «individuos».

Una idea en nuestra cabeza es fruto del choque, de la conversación de una red de neuronas conectadas entre sí. Una idea comienza a cobrar vida cuando está registrada. Dejar documentada una idea es una muy buena señal. El medio para hacerlo es el que prefieran o tengan más a mano: un cuaderno o libreta, un dibujo, una lista, un mapa mental, una grabación de voz en el teléfono. Evitemos confiar en nuestra memoria y dejar el registro para más tarde, ni tampoco ejerzamos el juicio crítico de antemano.

[Tweet “Tip de #creatividad: una idea vale como tal y como material prima para una nueva idea.”]

Existen entornos favorables para que una determinada idea pueda salir adelante. Tu grupo de amigos, el entorno laboral, un espacio virtual. Se trata de generar ecosistemas favorables y no «egosistemas» para que una determinada idea tenga un campo fértil en donde crecer. Steve Jobs decía que la creatividad es simplemente conectar cosas. Un buen contexto, un espacio de comunicación y libertad genera el mejor caldo de cultivo para la creatividad. En una empresa o grupo de trabajo el hecho de que sus integrantes pueden establecer contacto es un buen signo que contribuye al nacimiento de nuevas ideas. La creatividad es más fértil cuanto mayor sea el abanico interdisciplinar de las personas que componen un grupo.

Así como una idea hay que trabajarla, debemos construir, fomentar y cuidar el entorno donde estas se desarrollarán. Esto también es parte del trabajo creativo.

George Bernard Shaw dijo: «si tú tienes una manzana y yo tengo una manzana y las intercambiamos, entonces tanto tú como yo seguiremos teniendo una manzana. Pero si tú tienes una idea y yo tengo una idea e intercambiamos ideas, entonces ambos tendremos dos ideas».

Frase de George Bernard Shaw sobre el valor de las ideas en equipo.

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